A lo largo de nuestras vidas experimentamos pruebas las cuales nos pueden llegar a hacernos sentir que es algo demasiado difícil para afrontarlo, pensamos que no vamos a poder llegar a superarlo, nos sentimos abatidos, desanimados, un tanto deprimidos, u olvidados… Hermanos/as quiero decirles que eso no es así, en esos momentos cuando sentimos que no podemos más es cuando debemos ser aún más fuertes de que lo que pensamos que somos, es cuando tenemos que explotar todo nuestro potencial divino. ¿Y, cómo podemos lograr esa fortaleza? depositando toda nuestra confianza en nuestro Salvador y en nuestro amado Padre Celestial ellos siempre serán “una luz en la oscuridad” iluminando nuestro camino para que podamos salir de ese mar de angustia y de dolor, y brindarnos consuelo mediante Su Santo Espíritu y guiándonos en nuestro camino, sanando nuestras heridas y dándonos Su fortaleza para seguir adelante, pero, para eso debemos confiar en ellos.
Muchas veces mediante esas pruebas el Señor probará nuestra fe, Su propósito seguramente será nuestra fe, paciencia en Él aumenten, tal vez inclusive que que nuestra humildad crezca al reconocer que sin Su ayuda no nos sería posible superar esas dificultades, el Profeta Spencer W. Kimball dijo en una ocasión “No me gustó que me operaran a finales de mis setenta años para que mi corazón funcionara. Pero, déjame decirte algo. A través de mi sufrimiento, he llegado a conocer a Dios”. Son esas adversidades aunque nos parezca algo ilógico cuando reconocemos que no estamos solos, es lo que nos acerca un poquito más a nuestro Salvador, cuando realmente llegamos a conocer que la fe en Él también es un principio de poder al poner nuestra confianza en que Él tiene el poder de transformar y mejorar nuestra situación por más difícil que parezca al confiar en Él, aprendemos que para Él nada es imposible u nuestro testimonio aumenta y además descubrimos que Él puede sanar nuestras heridas y ayudarnos a seguir adelante.
En Éter 12:27 el Señor nos dice: “doy a los hombres debilidad para que sean humildes; y basta mi gracia a todos los hombres que se humillan ante mí; porque si se humillan ante mí; y tienen fe en mí, entonces haré que las cosas que sean débiles sean fuertes para ellos” Él nos promete que si nos humillamos y nos comunicamos con Él aceptando esas debilidades Él nos ayudará a que esas debilidades se conviertan en fortalezas, pero para eso es necesario confiar en Él.
En 2 Nefi 4:33 el profeta Nefi nos enseña que debemos confiar en Él antes que en el brazo del hombre “¡oh señor en ti he puesto mi confianza, y en ti confiare siempre! No pondré mi confianza en el brazo de la carne porque sé que maldito es aquel que confía en el brazo de la carne. Si, maldito es aquel que pone su confianza en el hombre o hace de la carne su brazo” Sabemos que según su fe y su confianza en el Señor, Nefi pudo soportar toda clase de adversidades que tuvo en sus tiempos de probación, él tuvo aflicciones, sufrimientos tanto espirituales como temporales, pruebas mucho más grandes de las cuales nos puedan tocar superar en nuestras vidas. Pero, sin embargo, el jamás dejó de confiar en el Señor, siempre acudió a Él, guardando Sus mandamientos y haciendo Su voluntad. Él confía plenamente en nosotros y jamás nos dejará desamparados y sin instrucción en nuestro camino, Él tiene el poder de sanarnos y liberarnos de todo pesar, de toda carga, de cualquier sentimiento que nos lastime el alma, solo si somos humildes ante Él.
“Tomará sobre sí la muerte, para soltar las ligaduras de la muerte que sujeten a su pueblo y sus debilidades tomará el sobre si, para que sus entrañas sean llenas de misericordia, según la carne, a fin de que según la carne sepa cómo socorrer a los de su pueblo, de acuerdo con las debilidades de ellos.” Alma 7:12. Él nos ama y quiere que seamos felices, que podamos resolver toda prueba que podamos llegar a tener en esta vida y quiere que lo hagamos teniendo Su compañía en cada paso que demos, nuestro amado Salvador soportó todo dolor, todo pesar, de cada uno de ustedes, Él más que nadie puede entendernos no hay ningún dolor o pena que Él no haya experimentado que nos haga pensar que Él no comprenda la profundidad de nuestro dolor, hermanos/as no cometamos ese error...
Testifico que tengo un Padre Celestial que me ama y yo le amo a Él que nuestro Salvador padeció por todos nuestros pecados para que podamos ser salvos y volver a la presencia de nuestro Padre Celestial y a la suya, me llena de gozo poder tener el evangelio en mi vida y saber de qué puedo confiar en ellos en cada paso que doy y que con Su ayuda no hay nada con lo que no pueda lidiar o superar, los invito humildemente a que confíen en nuestro Salvador Jesucristo en el maravilloso poder sanador de Su sacrificio expiatorio que sepamos que jamás estamos solos Él nunca nos desamparara. “Por tanto, el hombre debe tener esperanza, o no puede recibir una herencia en el lugar que tú has preparado…”
Mantengan viva su esperanza en nuestro Salvador Jesucristo dejó este mensaje con todo mi amor hacia ustedes en el sagrado nombre de Jesucristo, amén.
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