Una ayuda perfecta y sin fin...

Cuando pasamos por una situación dolorosa generalmente buscamos de un amigo, alguien en quien podamos confiar y sentirnos a salvo, con quien sentimos que encontramos un poco de consuelo y paz a pesar de que nuestro dolor no desaparece nos sentimos acompañados y sostenidos pero, a pesar del apoyo de aquellas personas eso no nos hará sentir “completos” y con una verdadera paz que solo podemos obtener del mejor amigo que existe sobre la tierra y sobre los cielos aquel mejor amigo es nuestro amado Salvador Jesucristo. Él es el único que tiene la capacidad y poder para hacernos sentir realmente completos porque El comprende a la perfección nuestro dolor ya que El sufrió por aquel dolor cuando llevo a cabo lo que conocemos como “el sacrificio expiatorio”, que consistía en padecer por cada uno de nuestros dolores de forma individual, por nuestras enfermedades y pecados siendo así Él único que podía comprendernos y ayudarnos de manera perfecta y liberarnos de nuestro pesar o pecados. En Su sufrimiento al llevar a cabo aquella expiación infinita, dolor que hizo que “sangrara por cada poro de su piel” les pidió a Sus discípulos que ellos pudieran acompañarlo al velar con Él aquella noche; “Entonces llegó Jesús con ellos a un lugar que se llama Getsemaní, y dijo a sus discípulos: Sentaos aquí, mientras voy allí y oro”. “Y tomando consigo a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, comenzó a entristecerse y a angustiarse en gran manera”. “Entonces Jesús les dijo: Mi alma está muy triste, hasta la muerte; quedaos aquí y velad conmigo”. “Y yéndose un poco más adelante, se postró sobre su rostro, orando y diciendo: Padre mío, si es posible, pase de mí esta acopa; pero no sea como yo quiero, sino como tú.”
Ellos al ser humanos e imperfectos tal como nosotros lo somos no pudieron brindarles el consuelo que Jesucristo necesitaba incluso aunque hubiesen velado con Él evitando el dormirse en aquel momento no hubieran podido hacerle sentir el consuelo que Él necesitaba para soportar aquel dolor, solo el consuelo celestial que solamente nuestro Padre podía brindarle le ayudaría en aquel doloroso momento, ya que Él tenía la capacidad celestial para comprender Su situación, el Padre estuvo con Él en cada segundo de aquel gran sufrimiento acompañándolo en Su dolor y pesar, en medio de aquel sufrimiento Él envió ayuda a Su amado Hijo, una ayuda celestial que realmente podría brindarle consuelo, que le brindo la fortaleza que Él necesitaba pudiendo completar Su misión eterna por el bien de toda la humanidad. “…Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya”. “Entonces se le apareció un ángel del cielo para fortalecerle”. “Y estando en agonía, oraba más intensamente; y era su sudor como grandes gotas de sangre que caían a tierra.” Nuestro Padre Celestial jamás abandono a Su Hijo, y el hecho de que Él no le quitara o apartara la amarga copa delante de Él no disminuye ni modifica Su perfecto amor hacia Su Hijo, ya que ambos sabían lo necesario y fundamental que era aquel padecimiento y pesar, no era correcto quitar aquel dolor del Salvador ya que era parte de Su misión pero nuestro Padre ayudo como dije anteriormente a que Él pudiese lograrlo, si bien el tener a Sus discípulos en aquel momento lo haría sentir un poco “acompañado” nada se hubiese podido comparar con la perfecta ayuda celestial de un bondadoso y perfecto Padre. Al igual que Jesucristo, nos tocara pasar por situaciones dolorosas como parte de un “bien eterno” no llegaremos a padecer nunca en la forma en la que Él lo hizo pero si vamos a tener que pagar un precio por bendiciones eternas y celestiales, tal vez aquellas experiencias sean para ser purificados espiritualmente o por medios de aquellas experiencias podamos bendecir la vida de nuestro prójimo en un futuro y en esas situaciones tal como lo hizo Jesucristo es aquella ayuda divina que Él busco en esos momentos la cual debemos buscar primero antes que nada, es aquel amor perfecto el cual debemos pedir y esforzarnos por mantener en nuestros corazones (Moroni 7:48) podemos tener toda la ayuda del mundo con nosotros pero si no tenemos la ayuda perfecta de nuestro Padre de nada sirve… al buscar Su guía, Su ayuda y Su consuelo, Él podrá llenar nuestros corazones de una paz celestial e indescriptible, de un consuelo perfecto eliminando la frialdad en nuestros corazones al llenarnos de la calidez de Su amor, mostrándonos el camino a seguir para obtener una felicidad eterna y al buscarlo a Él primero, demostrando nuestra confianza y fe en Su Hijo, Él nos brindara la ayuda adecuada para aquellos momentos de soledad o tristeza, Él sabrá que corazón o mente inspirar a fin de recibir consuelo por medio de aquellos “ángeles terrenales” que muchas veces serán aquellos a quienes más amamos y quienes confiamos…

Comentarios

  1. Me encanta! Siempre he pensado en Jesucristo como el mejor amigo que podría tener, siempre sentí ese tipo de relación entre Él y yo.
    Realmente un buen amigo en esta tierra nos puede brindar alivio emocional y hasta calmar los gritos de nuestra mente pero sólo Jesucristo tiene el don Divino de sanar un espíritu lastimado y llenar incluso los huecos que nunca vieron la luz del día. :)

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    1. Así es mi querido amigo, solo el puede llenar de nuestro vacío u obscuridad con Su perfecta luz y amor por nosotros

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  2. Gracias por compartir, realmente mí mejor amigo Jesucristo es el que siempre me ayudó en los momentos más difíciles de mí vida.

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