En mis comienzos de aquel "regreso", tuve algunos momentos así, pero, existía una diferencia; mi mente estaba teniendo más claridad y gracias a las escrituras había comenzado a eliminar aquella oscuridad, la cual, viene de aquel que desea que seamos miserables y olvidemos nuestro valor. Una noche me encontraba muy triste, y nuevamente aquellos sentimientos inundaron mi interior, podía escuchar nuevamente esa voz susurrando aquellas cosas negativas, lo cual, me causaba más y más dolor, pero, de pronto, una luz se presentó en medio de la oscuridad, por medio de estas palabras;
"Recordad que el valor de las almas es grande ante la vista de Dios".
"Porque he aquí, el Señor vuestro Dios padeció la muerte en la carne; por tanto sufrió el dolor de todos los hombres, a fin de que todos los hombres pudiesen arrepentirse y volver a él".
¡Cuánta paz sentí en aquel momento! Al fin comprendí que sí era de valor para alguien, y no para cualquiera, era de valor ante la vista de mí Salvador, aquel Dios que posee todo poder y entendimiento. En ese momento comprendí que mi alma era valiosa ante Su vista, y no solo eso, sino que había sido tan valiosa para Él, que Él, el mayor de todos, había estado dispuesto a sufrir por mí, a sufrir un dolor inimaginable e incomprensible para cualquier mente carnal, solo con el fin de que pudiera socorrerme, de que pudiera brindarme fuerzas, y sanar mi corazón. Si Él había estado dispuesto a realizar aquel acto por mí, eso significaba que me amaba tanto, que deseaba cuidarme, protegerme, sanarme y estar a mí lado. Entonces, ¿Podría pensar nuevamente que mí alma, y mí vida no tenía ningún valor? Por supuesto que no.
Desde aquel día aprendí una lección que me acompañó en los momentos más difíciles y dolorosos, me ayudaba a no ceder a las palabras del adversario y creer lo que susurraba a mi mente, me ayudaba a comprender las cosas como realmente son. Y desde luego que aquella "lección" también me ayudó, a que en el futuro pudiera comprender el valor de cada alma, no solo de la mía, sino también de quienes me rodean.
Por medio de nuestra mente, podemos recibir ideas, pensamientos, y conocimientos, y aquellos pensamientos son los que luego pueden determinar nuestras acciones, nuestras decisiones, y forjar un carácter. La mente puede ser una gran fortaleza en nuestra vida, en las decisiones que podemos tomar, pero también puede ser una gran debilidad y una gran arma que utilizará el adversario para hacernos sentir miserables como él es. Es por ello que debemos ser de "mentes firmes", es por eso que debemos alimentar a nuestra mente constantemente de luz, aquella luz que encontramos en las escrituras, aquella luz que puede ser capaz de eliminar la oscuridad, por más grande que sea, y así, ser capaces de vencer al enemigo de toda rectitud.
Somos de gran valor ante la vista de nuestro Salvador Jesucristo, Él nos ama tanto que estuvo dispuesto a sufrir por nuestro dolores a fin de entendernos y hacernos comprender que no estamos solos, al allegarnos a Su luz, la oscuridad no tendrá poder en nuestra mente.

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